Formar parte de la Escuela Argentina en Barcelona, ha sido una de las experiencias laborales más transformadoras de mi recorrido profesional.
La escuela es un espacio pensado para niños y niñas, en su mayoría nacidos en Argentina y migrados junto a sus familias, o nacidos aquí en España de padres argentinos. Funciona como una actividad extraescolar los sábados por la mañana y tiene un propósito muy claro, ser un canal de transmisión de la cultura argentina desde las distintas áreas de enseñanza.
Mi rol dentro de la institución es como profesora de danza y música. A través del movimiento, el ritmo y el juego, la propuesta busca acercar a las infancias a expresiones culturales argentinas que dialogan con su historia familiar, su identidad y su presente. Toda la escuela trabaja con ese mismo espíritu: sostener, compartir y resignificar la cultura de origen en un contexto migrante.
Para mí, ingresar a este espacio fue profundamente movilizador. Durante muchos años trabajé con la danza en Argentina, y migrar implicó también un corte, un reacomodamiento, una búsqueda y encontrarme con la posibilidad de continuar ese camino aquí, pero desde otro lugar, fue y sigue siendo transformador.
Hay también una responsabilidad muy grande en este trabajo. Incluso me animo a decir que existe un deber moral y ético: hacer los recortes necesarios para que estos niños y niñas tengan al menos destellos, huellas, fragmentos de la identidad argentina. Ser parte de ese proceso es un enorme compromiso y, al mismo tiempo, un privilegio.
También ha sido un desafío. Muchos de los niños han sido escolarizados siempre en España, por lo que su construcción identitaria está atravesada por otros códigos, otras referencias, otras experiencias. Esto me invita constantemente a salir de los lugares conocidos, a revisar mis prácticas, a no dar nada por sentado. Ya no se trata de replicar lo que hacía en Argentina, sino de crear puentes, de escuchar, de adaptar, de aprender.
Trabajar en la Escuela Argentina en Barcelona es, para mí, un espacio de crecimiento, de pregunta constante y de reafirmación del valor que tiene la danza y la música como herramientas de memoria, identidad y encuentro.
