Anatomía de una tradición:

La extraña costumbre de querer recuperar aquello que nunca estuvo esperando ser encontrado

Hay palabras que usamos tanto que dejamos de preguntarnos qué quieren decir. Tradición es una de ellas. Patrimonio también. Y recuperación… bueno, esa merece un capítulo aparte.

Porque, seamos sinceros, ¿qué significa exactamente «recuperar» una tradición? La palabra suena hermosa. Casi romántica. Da la sensación de que existe un pasado perfectamente conservado, esperando pacientemente a que alguien vaya a buscarlo, le saque un poco el polvo y lo vuelva a poner en circulación. Como si las tradiciones estuvieran perdidas en una caja de objetos olvidados.

Spoiler. No funciona así.

Esta pregunta empezó a perseguirme durante el trabajo de campo que estoy realizando para mi Trabajo Final de Máster en el Esbart Català de Dansaires, una institución fundada en Barcelona en 1908 dedicada a investigar, recopilar, enseñar y difundir las danzas tradicionales catalanas. En una de las primeras entrevistas que realicé, mientras recorríamos el archivo y la biblioteca junto a Montserrat Garrich Ribera y Anna Bigas Puig, hubo una palabra que aparecía una y otra vez. Recuperar.
Recuperar danzas. Recuperar repertorios. Recuperar patrimonio.
Y cuanto más la escuchaba, menos convencida estaba de entenderla.
Porque recuperar parece sugerir que existe una versión original de las cosas esperando ser encontrada. ¿Qué se perdió? ¿cuándo? ¿qué es exactamente lo que se recupera? ¿Los pasos? ¿La música? ¿La forma de mover el cuerpo? ¿Las emociones de quienes la bailaban? ¿O la idea que hoy construimos sobre ese pasado?
Fue ahí donde empecé a leer a Eric Hobsbawm (2002) con otros ojos. En La invención de la tradición, el autor propone dejar de obsesionarnos con la autenticidad y empezar a mirar otra cosa mucho más interesante. Los procesos. Es decir, cómo ciertas prácticas llegan a ser reconocidas como tradicionales.
Y, la verdad, esa pregunta me parece bastante más divertida que andar jugando al detector de tradiciones verdaderas.
Porque ninguna tradición baja del cielo con certificado de autenticidad. Hay personas que investigan, seleccionan documentos, interpretan registros, reconstruyen coreografías, discuten versiones y deciden qué vale la pena transmitir. En otras palabras, recuperar también implica elegir. Esta perspectiva cambia completamente la pregunta. Ya no importa tanto si una danza es «auténticamente tradicional», sino cómo llega a ser reconocida como tal y quiénes participan en ese proceso.

La recuperación también puede entenderse como un proceso de patrimonialización. Como explican Fabien Van Geert y Xavier Roigé (2016), el patrimonio no existe esperando ser descubierto. Se construye. Cada archivo, cada fotografía conservada, cada danza que vuelve a enseñarse habla tanto del presente como del pasado. Y hablando de archivos, hubo un momento de aquella entrevista que todavía sigue resonando.

Mientras conversábamos sobre la historia del Esbart y los años del franquismo, Anna Bigas me dijo una frase que anoté inmediatamente porque sabía que no iba a olvidarla.

«Bailábamos en catalán porque no podíamos hablar en catalán.»

Hay frases que hacen más trabajo antropológico que veinte páginas de teoría. De golpe entendés que una danza también puede ser una forma de resistencia. Que un cuerpo puede conservar una lengua, una memoria y una identidad incluso cuando las palabras encuentran demasiados obstáculos para hacerlo.
Ahí también apareció otra idea que me acompañó durante toda la investigación. La memoria no consiste simplemente en recordar. Como plantea Elizabeth Jelin (2002), recordar también implica producir sentidos sobre el pasado desde las preguntas del presente. Y quizás ahí esté el verdadero problema con la palabra recuperar.

Recuperar implica elegir, interpretar, reconstruir y transmitir. Implica decidir qué pasado queremos mantener vivo y qué historias seguir contando. Tal vez por eso las tradiciones no sean reliquias inmóviles, sino formas siempre cambiantes de relacionarnos con nuestra memoria. En definitiva, producir una determinada forma de relacionarnos con el pasado.

Después de todo este recorrido, ya no estoy tan interesada en saber si una tradición es auténtica. Me interesa mucho más entender quién la recupera, cómo lo hace y, sobre todo, para qué.

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