En mis años de estudio, de una forma pedagógica pude determinar tres acepciones al término. Estas son: como hecho social, como género que conglomera ciertas características y como disciplina.
Como hecho social debe cumplir varias condiciones. No cualquier hecho social es folklórico y a la vez hay más hechos sociales que no imaginamos que sí pueden ser folklóricos. Estos van más allá que la danza y la música. El hecho debe ser actual, dinámico, tradicional, localizado o que representa una localización, aprendizaje “espontáneo”, ser identitario.
Remarco plena y efusivamente el aspecto de que debe ser actual, esto quiere decir que pertenece a este presente. Por eso, es más folklórico gente bailando cuarteto que bailando una chacarera.
Que sea dinámico quiere decir que el hecho en sí mismo tiene dinamismo, esto quiere decir que pertenece a un pasado, que para llegar a este presente tuvo que adaptarse y transformarse para llegar al presente, entendiendo las necesidades de sus practicantes, las nuevas tecnologías y las nuevas perspectivas.
Tradicional porque pertenece a un legado y es transmitido durante generaciones pasadas.
Localizado me refiero directamente a una región geográfica, también tengo en cuenta el contexto de personas migrantes que llevan consigo “la tierra” como lo llamo yo, que es justamente aquello que es inherente a su propia cultura. Un migrante lleva consigo su folklore, su idiosincrasia por ello este punto de representa una localización específica.
Así como remarqué que el hecho debe ser actual, el tipo de aprendizaje me parece clave y aun hoy me resuena y cuestiono respecto a este punto. Debería entenderse por espontáneo como un tipo de aprendizaje en el cual no tuvo que irse a ninguna institución para ser aprendido, sino que por el mero hecho de la observación y tradición familiar es adquirido. Por ello, pienso que el cuarteto, la cumbia son más hecho folklórico que “una chacarera”, por ejemplo. Con los primeros sólo debimos ser niños e ir a nuestra primera navidad, donde teníamos toda la familia después de las 00h bailando, nadie nos dijo cómo, pero si sos argentino, claramente sabés como bailarlos; en cambio, para bailar chacarera, tal vez, exceptuando regiones específicas o familias dedicadas al género folklórico de toda su vida. Los demás argentinos, para poder bailar empiezan en institutos o academias. Aun así, aquello que se vive en una peña o festival, tantas personas palpitando la cultura tradicional me hace cuestionarme ¿pero entonces eso no es folklore por sí mismo?
Ser identitario se refiere a la cualidad de ser representativo, al final es una definición de quiénes somos y cómo somos, sin importar dónde nos encontremos geográficamente. Ese hecho, esa costumbre, esa forma de movernos, de ser es más grande que nuestra propia consciencia, nos construye como seres humanos, y encontrándonos con otros que la compartan se siente como en casa. Nos representa.
Como género que conglomera ciertas características me refiero a lo que popularmente se llama “folklore”, esas músicas y danzas que la gente usualmente reconoce como parte de folklore de un lugar determinado, que de alguna forma alguna de estas sí puede serlo pero en la mayoría déjame dudarlo. Por ejemplo la danza “firmeza” “remedio” “mariquita” entre tantas otras, la gente del afuera dice “ah esto es folklore” pero realmente no. Simplemente es un tipo de danza y musicalidad que encierra características relacionadas a lo entendido como folklore pero en realidad pertenece a una estructura construida para el constructo de una identidad nacional, pues nuestro país al ser tan joven, en su formación necesitaba construir una identidad que nos diferencie y una. No saco veracidad de que en algún momento sí se hayan practicado espontáneamente y que las coplas recopiladas en la historia no hayan sido reales, la crítica está en decir que no son folklore, ya que para que sean necesitan características que como hecho social no reúnen. Esto también está enmarcado en una historia. En argentina venimos de un contexto donde se necesitaba unificar la patria porque fue un pueblo construido a base de un conglomerado de distintas etnias y nacionalidades, las autóctonas, las africanas y las europeas. Lo político estaba detrás… ¿cómo construir un país fuerte? A base de personas que sientan la tierra como propia y la trabajen. Para ello debían tener un color que los represente, una bandera, una sonoridad, un tipo de movimiento. No es casualidad que los argentinos sean tan apasionados, tan respetuosos con la bandera, que escuchamos un acorde de música y ya se nos eriza la piel. Es un constructo político de años y años. Izar la bandera cada mañana, el juramento a la bandera en 3er o 4to grado, ahora no lo recuerdo… en los años 60 la formación de la escuela nacional de danza, el lanzamiento de tantas discografías y bibliografía relacionada al “folklore”, a la identidad nacional, a investigaciones históricas. Nada es casualidad y hay que saberlo ver. Alrededor de eso se creó una identidad nacional inmaculada e inamovible, donde cualquier cosa que lo critique es una falta de respeto y que ante cualquier cosa tendrás a una persona bastante mayor con tintes meganacionalistas diciéndote que estás equivocado y que antes las cosas no eran así. Lo que generalmente, en el popular se piensa como folklore, es resultante de todo este panorama.

