Recuerdo como si fuese ayer el día que vi la publicidad de solicitud de profesores de artes y danzas para trabajar en el Centro de Día “Aprendiendo a Ser” para personas con discapacidad entre los 14 y 70 años. Ese día estaba de vacaciones con quien hoy es mi esposo y fue verlo y pensar “no, qué voy a hacer yo ahí”. Pasó una semana y mi urgencia laboral me concientizó y dije “ya fue, mando un mail con mi currículum vitae” y que sea lo que la vida quiera. Me respondieron a los minutos y al cabo de tener la entrevista comencé a trabajar allí.
Seguramente por los prejuicios o los miedos a no tener las herramientas para llevar a cabo una clase primaron en mí, pero luego bastó con esa primera clase un miércoles a las 10 de la mañana con el grupo 8 para entender que ese lugar tendría mucho que enseñarme y experiencias maravillosas que hoy me forman como persona y profesional. El darme cuenta de que las pequeñas acciones colaboran con el disfrute y crecimiento de otro… que la danza y la expresión no es sólo un cuerpo en pleno movimiento, sino que a veces con canciones o ciertos sonidos podemos activar en otro un mundo de posibilidades, como en aquellos que por ejemplo tenían movilidad reducida o parálisis.
En el Centro tuve tres talleres. Taller de Danza, expresión corporal y movimiento, y en la temporada de verano Taller de Danza en la piscina y Taller de Maquillaje Artístico y Caracterización.
La clase se adaptaba a la dinámica grupal y a la necesidad de los integrantes dependiendo las edades y la discapacidad mental y física de las individualidades dentro de las grupalidades. Tuvimos hermosas experiencias dentro del aula haciendo un espacio lúdico de dispersión, sociabilización y creación artística, donde atravesaban temáticas del cuerpo, el cuidado, el contacto con otros y el respeto mutuo. Y fuera del aula donde mostrábamos nuestras creaciones, como actos para los padres o fiestas inter-institucionales. Desde el momento que prescindí de este trabajo por el hecho de migrar, los extrañé mucho, a todos los integrantes que fueron parte de mis clases que con tanto cariño entraban a mi aula, y que por siempre estarán las ganas de seguir compartiendo la Isla del Sol todos juntos.

