En un contexto post-pandémico me encontré en mi ciudad con el entusiasmo de una idea que partió de lo profundo de mi ser. “¡Voy a hacer un Seminario de Zamba!” – danza tradicional argentina de la cual emergen muchas pasiones -. Y así fue, con cierta ingenuidad de lo que implica gestionar un proyecto propio, hice publicidad, busqué un espacio y llamé a mi amiga Luisina que sacaba fotos muy lindas para que después me sirvan como futura publicidad, y puse en práctica todo lo aprendido en la universidad que era mi herramienta fuerte, ya que ella me diferenciaba de cualquier otro profesor de “danza folklórica argentina”. La gente necesitaba bailar y volver a juntarse, así que aproveché el impulso y aún como estudiante de la Licenciatura en Folklore, me tiré a vivir esta experiencia.
Así pasaron este Seminario Intensivo de Zamba, que tuvo tanto éxito que tuve que agregar un horario para recibir más gente, luego a los meses, Seminario Intensivo de Zamba: Estilo Carpero y luego de recibirme hice un Seminario de Técnica de Tango Femenino con más de 30 inscriptos siendo de una duración de 4 encuentros en el mes de Febrero. Este último fue un hecho kármico (risas), ya que mi última materia en la universidad y con la que me egresé fue Interpretación coreográfica del Tango. Fue compleja y demandó muchísimo esfuerzo poder hacerla, así que como todo en la vida, agarré lo difícil y lo trasformé en algo bello.
Estos seminarios de alguna forma germinaron mi sueño de migrar, de ellos logré los primeros ahorros y me dieron un lugar profesional en la ciudad de Paraná que me diferenció ya que para aquel momento no existía como tal el concepto de seminarios de danza folklórica.

